Del vestir en los tiempos de guerra.
Sólo para hacer las cosas más interesantes, se me ocurre que este semestre escolar estará enfocado en conceptos, diseños a cobrar funcionalidad a las luces del armaggedon inminente, las pandémicas plagas, el ataque de los muertos vivientes…
En el pasado, la carencia de materiales, la poca solvencia de los potenciales compradores, y los cambios sociales existentes durante tiempos de conflicto bélico, promovieron cambios drásticos en la moda. Durante las dos guerras mundiales del siglo XX, por ejemplo; el hecho de que los hombres dejaran a las mujeres a cargo del trabajo en las industrias y la educación de los más jóvenes, trajo consigo inevitablemente el relajamiento en los códigos del vestuario.
Así, durante los años 20, se da el fenomeno de las flappers; mujeres que descubren los placeres de la vida nocturna, le suben el tono al maquillaje y el dobladillo a las faldas, adoptan una silueta más varonil que incluye cabellos cortos además del abandono de los corsets.
Igualmente, durante la Segunda Guerra Mundial se adoptan los sobretodos de inspiración militar. Como las mujeres se han quedado solas de nuevo, apoderándose tanto de las ocupaciones laborales de sus esposos, padres, hijos, como de sus roperos, la silueta femenina adquiere un aire varonil: las caderas se prefieren estrechas, las hombreras cobran auge. Un detalle que siempre me fascinó: en tiempos en que el Gobierno promovía la donación y el restringido consumo de sedas y nylons a manera de apoyo por la causa -el nylon era un novedadoso material y se necesitaba para crear paracaídas y demás rudimentaria militar-, se popularizó el recurso de dibujar una línea a lo largo de la parte posterior de las piernas con lápiz delineador, para crear la ilusión de medias (aquellas que se sujetan con ligas a la altura del muslo).
Siguiendo el análisis de cómo la psicología social funciona en tiempos de guerra y de paz, es de notarse como, una vez que la guerra termina y se hace evidente la disminución demográfica como resultado del conflicto, la silueta se vuelve ultra-femenina de inmediato. Pensemos en Amelia Earhart durante fines de los ’30, en contraposicion con Marilyn Monroe, epítome de los aires de post-guerra…
Es muy interesante lo que escribes de las fluctuaciones de la moda segun la necesidad y las exigencias entre los dos sexos. Habia oido lo de pintarse la linea de “supuestas medias” en las piernas, y siempre me parecio como la mentira y los artificios de las mujeres, pero redoblado: ahi no hay nada, pero simulo que la llevo y esto en si mismo puede ser atractivo.
Saludos,
Verónica
Verónica
agosto 5, 2008 a 12:28 am