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Una Universidad tan verde…
Qué bello el mundo. Lástima que se haya vuelto tan vertiginoso en su fluir, y no nos reste tiempo para disfrutar de toda esta belleza, en ritmos y colores. Claro, en cada aspecto que podamos regodearnos existe la semilla de lo malsano; en una dualidad clara, una vindicación de los Ying/Yang futuristas. Para caer directo en la cursilería (si es que no la dejé atrás), refirámonos a ese símbolo de lo noble y lo bueno, que es el color verde.
Representa, cómo no, a la esperanza, y la paz, y a la Naturaleza (aunque ésta, si nos atenemos a razones, la mayor parte de las veces es negra), a quién sabe cuántos ojos de enamorados, y así sucesivamente, hasta el kitsch. La de arriba es una enumeración poco elegante, y poco exhaustiva. Ninguno de estos aspectos es al que me quiero referir, y los cubanos que lean esto quizás ya hayan adivinado a dónde me dirijo: el “verde”, el servicio militar, una tradición ya dentro de la Isla, que recientemente ha recibido una ampliación para incluir a mucha más gente, específicamente a los estudiantes y el personal universitario de todas las provincias.
Es una respuesta curiosa a un problema endémico de Cuba. La Isla, siendo un país del tercer mundo, se comporta demográficamente como España o Japón. Su población envejece, y los Pinos Nuevos, el reemplazo, o no aparece – la natalidad es la más baja de Latinoamérica – o desaparece, “en busca de otros horizontes”. Ya se va evidenciando el hueco generacional que deja la emigración de jóvenes entre 18 y 30 años, y el Gobierno, como el de cualquier país responsable (aunque no lo acuso de serlo), ha puesto manos a la obra, tratando de remediar lo que ya es un circo.
“En primer lugar”, dijeron, “vamos a prohibir institucionalmente los abortos. Sólo podrán evitar el desastre quienes se percaten de su embarazo a tiempo, o aquellos tan afortunados como para poseer amigos en algún hospital de maternidad”. Hasta ahí, todo claro. Pero, hay ideas aún menos felices, porque el Gobierno, si bien ha añadido blanco a la parte roja de su ideología, a la parte verde la ha teñido de kaki. “Potencial militar disminuido”, fue lo primero que pensaron, y la solución llegó enseguida: “Entrenemos más al resto, que para eso queda”. Y así fue.
Consecuencias de las nuevas medidas: todos los estudiantes, y el personal universitario menor de 45 años, marcha, un año de cada dos, a unidades militares destinadas al respecto. Los varones y las niñas por separado (no se les ha ocurrido pensar que de mantenerlos juntos aumentaría el número de bebés), y durante quince días, una buena preparación militar. A quien no vaya, se le separa de la educación superior, con mayor o menor perjuicio. Todo esto aparte del elegante semestre de Preparación para la Defensa que reciben todas las carreras. Así es la filosofía “revolucionaria”. Perdamos el punto, y solucionemos cualquier problema atacando lo que (todavía) está sano. ¿De dónde surgió el problema? Vaya Ud. A saber, seguro que del Imperialismo.
Cuba y US: Diferentes en Ideologias y en el sexo?
En una conversación iniciada por mi ánimo particularmente sucubino en una mañana de verano, un amigo y yo comparábamos las perspectivas en sexualidad de los americanos en contraposición a la de los cubanos.
Particularmente, siempre sostuve que la jovial inclinación de los cubanos (tal vez de los isleños?) hacia el amor carnal está en relación directa con la maldita circunstancia del agua por todas partes, que nos tira en brazos del más cercano y nos hace reciclar afectos y amantes, en una especie de existencialismo sensual.
Me preguntaba mi amigo si era cierto que los americanos dan desproporcionada importancia a la creación de las condiciones con tal de tener un primer encuentro “perfecto”.
Y bien, todos analizamos un poco con tal de tener un segundo de soledad, o embriaguez, o proximidad física que parezca casual y sirva nuestros propósitos, o no? Sin embargo, según mi no particularmente vasta experiencia, en Cuba las situaciones se crean solas. No movemos cielo y tierra para dar con ellas y entonces, tener que lidiar con una o uno que pretende modestia, inaccesibilidad o pudores seductores con tal de postergar el cortejo y establecer pautas exclusorias. Al menos, estas costumbres son reservadas a los primerizos de la secundaria, en cuyo caso los pudores son raramente falsos…
Entre adultos, los mensajes en la isla con claros y directos. Las atracciones se materializan rápidamente.
Peco de generalista? Seguramente, mas me pregunto: Hasta qué punto está mi opinión distorsionada por vivencias personales, y hasta qué punto he efectivamente percibido la herencia puritana de esta sociedad en sus interacciones contemporáneas?
En una piratesca afirmación y a modo de broma, decíamos que el “momento perfecto” en Cuba venía de la mano del ron. Hablando más seriamente, diría que la perfección viene del no sobreanalizar la situación, de lo contrario se vuelve frígida, irreal.
A mi alrededor veo las apariencias y arquetipos a ser reafirmados durante el cortejo: La del tipo detallista o sensible, la de la tipa que no quiere pasar por presa fácil, la del que tipo solvente que puede crear un momento especial con vinos y resplandores… Tristemente, la de aquellos que no ceden a la debilidad de la carne, incluso ante una perspectiva maravillosa con posible final feliz.
No precisamente una acertación moralista… Pero como diríamos, la moral era cremosa y nos la tomamos con chocolate tras una noche de orgía.
To be continued…
¿Formado por la Revolución?
Creo que una persona que hubiese seguido al pie de la letra la enseñanza que recibía en las instituciones cubanas, habría tenido, probablemente, una formación muy aceptable, al menos en lo referente a esas disciplinas que mal que bien se han agrupado bajo el nombre, nada preciso, de ciencias sociales. Esa persona posiblemente habría estado familiarizada con los novelistas rusos y franceses del siglo XIX, leídos en aquellas precarias ediciones Huracán. También habría conocido a algunos autores latinoamericanos (Carpentier, Benedetti, García Márquez, Cortazar). Le habrían inculcado, desde el octavo o el noveno grado, un marxismo esquemático, salido de los manuales soviéticos y que, con todas las críticas que deban hacérsele, encuentro útil, aunque sólo sea porque permitiese familiarizarse con las categorías fundamentales de la dialéctica y el materialismo histórico. Por ultimo, esa persona habría accedido -gracias a programas televisivos como Historia del Cine- a filmes imprescindibles para cualquiera de los interesados en el llamado séptimo arte. Claro que también habría tenido que dispararse las películas soviéticas sobre la Segunda Guerra Mundial y algunas novelas del realismo socialista, incluido nuestro difícilmente rescatable Manuel Cofiño.
Gústeme o no, creo que hasta cierto punto podría reconocerme en este retrato, salvo que no pude terminar La última mujer y el próximo combate. Y en cuanto a Mikhail Sholojov ni siquiera me tomé el trabajo de comprar sus novelas.
¿Formado (en) por la Revolución?

Este domingo, el pintor Humberto Castro me llamó por teléfono para avisarme que colgaron en youtube algunos videos sobre su trabajo. Uno de ellos fue realizado en Cuba en 1988 por un documentalista brasileño. En las tomas iniciales aparecen Humberto Castro, Arturo Cuenca y Rubén Torres Llorca. Los tres dicen ser artistas formados por la Revolución. La frase en boca de Humberto Castro es ligeramente diferente. Según me contó, él no quiso repetir aquello de hacer sido formado por la Revolución. En su lugar solicitó que le permitieran un “formado en la Revolución”, es decir, “durante” la Revolución, que no es lo mismo ni se escribe igual. Lo primero tiene el aire de una deuda que se contrajo, un peculiar aprendizaje o una marca de fábrica. Lo segundo es más bien una circunstancia ineludible.
De buenas a primeras me sorprendo tratando de contestar la pregunta de si yo mismo fui formado “en” o “por” la Revolución Cubana. Al final creo que coincidiría con Humberto Castro, aun cuando discrepe con él en muchísimas otras cosas (a veces hemos discutido casi hasta el amanecer -cervezas por medio- sin que la terquedad mutua quiebre en modo alguno la amistad).
No voy a hablar del presente, con el cual no estoy muy familiarizado. Me parece que la educación en Cuba se ha deteriorado muchísimo. En 1996, tuve la oportunidad de impartir clases de historia del arte en la escuela de Bellas Artes de San Alejandro, de donde me había graduado diez años antes. Lamentablemente, la biblioteca apenas parecía haber crecido en una década, los libros que quedaban estaban más dañados y saqueados que cuando yo estudiaba allí (los alumnos tienen el hábito de robarse las ilustraciones) y las diapositivas para mi clase estaban, en su gran mayoría, enrojecidas, cuando no resultaban virtualmente inservibles. Mis alumnos tampoco podían darse el lujo de comprar libros, que ahora se vendían en dólares. Además, la mayoría de los magníficos profesores con los que llegó a contar San Alejandro se habían marchado. Evidentemente eran otros tiempos.
¿Formado en la Revolución?
El sistema de enseñanza cubano no era, ni podía ser, sólo lo que debía enseñarse en las escuelas, lo que publicaba Huracán, los libros importados desde la URSS o lo que se divulgaba en los programas de la televisión. Era un sistema mucho más heterogeneo, que se complementaba con la herencia de un pasado que no fue posible borrar. Profesores que exponían concepciones diferentes, que hablaban de problemas y autores que no se mencionaban en los planes de estudio. Bibliotecas –tanto personales como estatales- que conservaban libros que no fueron impresos por el gobierno revolucionario o que lo fueron durante los más liberales años sesenta. Bibliotecas que, además, eran enriquecidas por ediciones extranjeras o por adquisiciones -a precios muy módicos- en las librerías de libros usados.
Tampoco el sistema de enseñanza, por sí mismo, lograba necesariamente convertir a los estudiantes en simpatizantes de la ideología de la Revolución. Muchas veces la incomodidad ante la retórica oficialista se manifestaba en una desmedida curiosidad por todo aquello que el sistema de enseñanza ocultaba, descalificaba o eventualmente prohibía.
Tal y como lo veo, las instituciones de la enseñanza en Cuba eran un promisorio punto de partida para una continuar con una formación más bien autodidacta, que se alimentaba con las sugerencias de los amigos y con la circulación de autores que en las escuelas y en los prólogos de los libros eran usualmente considerados como idealistas, reaccionarios, revisionistas, aburguesados o evasivos. La insatisfacción hacia el gobierno estimulaba lecturas alternativas.
¿Formado (en) por la Revolución?

Alguna vez, mientras estaba leyendo en la biblioteca de la universidad, se acercó una colega de mi clase de historia del arte. Luego de una de esas conversaciones entrecortadas, donde ninguna de las dos personas tiene el menor interés por continuar dialogando, ella me dijo un “mijo, deja de leer y vive”. Para alguien que disfrute leer resulta casi incomprensible esta pretendida oposición entre la literatura y la vida, como si la operación de sentarse y deslizar la mirada ante las páginas de una novela interrumpiese el tiempo o alinease a las personas de otras experiencias cualitativamente distintas que cabría llamar “vitales”. Veo en esto una vulgarización del Sartre de Las palabras, que proponía una disyuntiva entre el oficio de escribir y la acción revolucionaria. Dentro de ese Sartre mal interpretado, algunos autores, en la medida en que se alejaban de una literatura socialmente comprometida, eran considerados herméticos o evasivos.
Pero resultaba que con frecuencia eran precisamente esos autores tildados de enajenantes los que contribuían a cambiar mi manera de percibir o comprender la realidad, los que contribuían a esclarecer mis propios sentimientos y mis relaciones con las otras personas. Si en efecto se trataba de autores evasivos, lo eran sólo en la medida en que me permitían –como muchas otras obras de arte- hacer más llevaderas las dificultades de la vida cotidiana y al mismo tiempo tornaban más fatigosa la propaganda política del gobierno.
Existía cierta correlación entre la avidez por leer a aquellos autores y el hastío ante la crisis social y política por la que atravesaba el país –y que se agudizó a comienzos de los años noventa. En tal sentido, la Revolución contribuyó, de manera indirecta a fomentar determinado tipo de lecturas
Y, por último, la Revolución contribuyó a ampliar el círculo de lectores, en la medida en que existía un abundante tiempo para el ocio y pocas opciones para salir a divertirse.
¿Formado en la Revolución?
Quise incluir aquí el video al que hice referencia en un inicio. El documental permite ver cuán distantes estamos hoy de las inquietudes estéticas y conceptuales que expresan estos tres artistas y que eran las que, en sentido general, se discutían por aquellas fechas.
El documental tiene dos partes.
¿Exposición de arte subcoreano en Cuba? La censura …(I)

El Punto del Compás
-arte contemporáneo coreano-
curaduría: YU YEON KIM
organización y montaje: Sandra Ceballos
sponsors: Korea Foundation
martes 17 de junio, 8:00PM (hasta el 20 de junio)
aglutinador-laboratorio calle 6 No 602 esquina a 25, Vedado.
Este era el correo electrónico que envió Sandra Ceballos para promocionar la muestra El punto del compás, que como se puede ver sólo iba a durar tres días. Ademas, lo hizo acompañar de estas dos imágenes.
En cuanto al futuro de las galerias…
Estos dos días ha llovido como si el cielo también se compadeciera de la libertad, y la violación a la que fue sometida. Espero ver un día tranquilo, en el que no me lleguen noticias de humillaciones y desgracias que ha sufrido algún cubano a manos de sus supuestos protectores.
Es triste saber que muchos ya ni esperan ese día, y como ovejas esperan las limosnas, los supuestos cambios que de algún modo logran dejar todo de la misma forma. Mi hermano se quejaba porque nuestra generación abandonaba su país en oleadas, lo que efectivamente era cortar el futuro de la nación. Ahora, a raíz de este incidente, no sólo comprende a quienes se han ido, sino que ya es uno de ellos.
Expo Independiente cancelada por la Censura Estatal.

Saturno continúa devorando a sus hijos:
Me llega la noticia de que la expo subterránea El Punto del Compás, centrada en el arte contemporáneo coreano y a ser inaugurada el 17 de Junio en las Galerías XoHo y Aglutinador-Laboratorio, ha sido suspendida! He presenciado el fuego cruzado a forma de correos furiosos escritos por aquellos que han trabajado en su organización…
Detalles al respecto:
En el día de ayer 16 de junio a las siete de la tarde, cuando ya estaba montada la exposición El punto del compás (arte contemporáneo de Corea del Sur) con foto y vídeo-proyecciones en el Aglutinador-Laboratorio, llegó Yu Yeon Kim -la curadora de las exhibiciones- muy consternada (…) Ella fue presionada por funcionarios del arte de esta ciudad a que suspendiera las exhibiciones en los espacios de arte alternativos, Aglutinador y Xoho, además de una presentación que tenía en los salones del hotel Meliá Habana, por no tratarse de espacios serios, legítimos y oficiales, así que solamente le permitieron exhibir algo en la Fundación Ludwig, que como es bien sabido de todos es un lugar absolutamente oficial con máscara de independiente, es decir, una especie de trampa para extranjeros con dinero; esta es una de las pruebas de cuán comprometido está este sitio con el gobierno.
Entre las presiones cometidas contra esta prestigiosa curadora de respeto internacional, estuvo el burdo chantaje de siempre -que ya se ha aplicado a otras personalidades que han divulgado el arte cubano (que se hace dentro) en el exterior- y es: la restricción de la visa y la prohibición de la entrada nuevamente al país. Esto, si no me equivoco, recuerda a los chantajes que aplica EU a los países que quieren comerciar y colaborar con Cuba. Entonces me pregunto: ¿Cómo se puede criticar injusticias como esta en programas televisivos y en eventos de carácter político, cuando en nuestro propio país los emisarios del estado las cometen?
Mutilando el arte, anulando, exiliando, apartando, discriminando y chantajeando, pretenden que la cultura cubana interactúe y se desarrolle.
De modo que en eso para: la exposición enfila por los estrictos rieles del Estado.
Evidencia de la supresión de aquellas privacidades y libertades que hicieran posible el surgimiento y unificación de revoltosos ideales, válidos medio siglo atrás, hoy osificados.Los largos tentáculos de la dirigencia tocan cada nivel del sistema, acaparando y canalizando toda buena idea, o meramente sospechosa, en caso de que algo más surja de ella.
La víctima, una vez más, es la libre expresión del alma, la cualidad intrínsecamente humana de crear, decir.

