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Fito Paez – Al Lado del Camino
Es obligatorio tener un motivo especial para colgar una buena canción en un blog?..Es acaso imprescindible complementarla con una resplandeciente disertación, que de algún modo justifique la entrada? Me pregunto si podría algo de lo anterior disfrazar de “inteligente” el verdadero propósito, íntimo y simple, de compartir el gozo de escucharla con otros? Yo espero que no.
No estuve allí (microrrelato)
Los aviones sobrevolaron la cúspide del rascacielos más alto de Manhattan. Ráfagas, ruidos de motores, sonidos indescifrables. Uno de los aviones, envuelto en llamas, cayó en picada. Un golpe seco estremeció las avenidas. A duras penas el cordón de policías logró contener a la muchedumbre. Los periodistas y los centenares de curiosos no podían salir de su perplejidad. Delante de ellos yacía un gorila gigantesco, con el pecho y el cuello ensangrentados.
Homenaje al Himno Nacional Cubano
Non piu andrai, el aria de Figaro al final del primer acto de la ópera bufa Le Nozze di Figaro de Mozart. El Conde de Almaviva quiere enviar a Cherubino a la guerra. Figaro entona este burlón himno militar para su joven amigo.
Canta el barítono Giuseppe Taddei. Cherubino es interpretado por la mezzo-soprano Giulietta Simionato
La letra, tomada de Wikipedia.
No irás más, mariposón amoroso
día y noche rondando alrededor
de las bellas, turbándoles el reposo,
Narcisito, pequeño Adonis del amor.
No tendrás ya estos bellos penachos,
ese sombrero ligero y galante,
esa cabellera, ese aire brillante,
ese sonrosado color femenino.
Entre guerreros ¡voto a Baco!
Grandes mostachos, ajustada casaca,
el fusil a la espalda, el sable al flanco,
cuello erguido, gesto franco,
un gran casco, un gran turbante,
mucho honor, poco dinero,
Y en vez del fandango
una marcha por el fango,
por montañas, por valles,
con las nieves y los grandes calores
al concierto de trombones,
de bombardas, de cañones,
que las balas en todos los tonos
al oído hacen silbar.
Cherubino a la victoria,
a la gloria militar.
Mayo del 68. Guy Debord y los Situacionistas.
En una sociedad industrial, que confunde el trabajo con la productividad, la necesidad de producir ha sido siempre hostil hacia el deseo de crear.
Raoul Vaneigem (1967)
Termina el mes de mayo. Reviso las entradas que he puesto en mi blog. Muchas de ellas están relacionadas con los movimientos juveniles de los años sesenta. Fue mi modo, no del todo intencional, de recordar las revueltas que encontraron un punto culminante en el año 68, con los trágicos eventos en Praga y México y los amotinamientos estudiantiles en París. La segunda mitad de los sesenta es un tema casi infinito, que daría para montones de comentarios y blogs. Aquí quería agregar la primera parte de un documental sobre Los Situacionistas, un grupo muy influyente en las protestas francesas de Mayo del 68. Dos libros tuvieron una importancia crucial. La sociedad del espectáculo (1968), de Guy Debord y La revolución de todos los días (1967) de Raoul Veneigem. Los Situacionistas hicieron una crítica de la cosificación de la vida cotidiana bajo el capitalismo y se propusieron cambiar la vida mediante una acción artística vinculada a lo político. Entre sus prácticas se encontraba aprovechar el potencial sígnico de los objetos de consumo para transformarlos en artefactos poéticos, dotados de un contenido contestatario. Algo que llamaron detournement (andaban tras las huellas del ready-made y del object trouve de los surrealistas).
Los Situacionistas intentaron integrar el arte y vida. Como escribió Guy Debord en 1957:
Nuestra acción sobre el comportamiento, en relación con los demás aspectos deseables de una revolución en las costumbres, puede definirse someramente por la invención de juegos de una esencia nueva. El objetivo general tiene que ser la ampliación de la parte no mediocre de la vida, de disminuir, en tanto sea posible, los momentos nulos.
Ideas tal vez no del todo novedosas –experimentos que pretendían socializar el arte fueron ensayados mucho antes por futuristas, dadaístas, surrealistas y abstraccionistas-; pero la diferencia quizás resida en que en el contexto de los sesenta dejaron de ser extravagancias. Las ideas de Debord y Vaneigem, en lo que tenían de incendiarias, se tomaron muy en serio y se propagaron como la pólvora. El célebre lema “la imaginación al poder”, escrito en alguna pared parisina en Mayo del 68, se deriva muy directamente de las actividades de Los Situacionistas.
El documental tiene tres partes.
El hombre de las mil voces
George Lois en el MoMA(I)
El MoMA exhibe las portadas que diseñó George Lois para la revista Esquire. Una de ellas está dedicada a la hija menor de Stalin. Lois estaba molesto con la edición del libro Veinte Cartas a un Amigo, en el que Svetlana hablaba horrores de su padre. La revista Esquire publicaría un artículo desfavorable–firmado por Garry Wills- en el que la disidente soviética era descrita como una oportunista. La venganza de Lois consistió en superponer un dibujo del bigote de Josef Stalin sobre el retrato de la hija desleal.
Sorprende que el diseñador que hizo las cubiertas más provocativas de los años sesenta fuese un joven que, cuando menos, simpatizaba con el stalinismo. Y esto después del deshielo que había iniciado Kruchev. Esquire aprovechó su talento y también, a no dudarlo, su izquierdismo radical, aparentemente atrevido y en la práctica muy vendible. Las portadas de Esquire, que le dieron la vuelta al mundo y se convirtieron en imágenes paradigmáticas de los sesenta, confirman una de las ideas de Adorno y Horkheimer: en la época de industria cultural, hasta la actividad política de la oposición entra en complicidad con el status quo.
George Lois en el MoMA (II)
Una de las portadas tiene que ver directamente con la Revolución Cubana. The Face of a Hero, rostro realizado a partir de un montaje de las caras de Bob Dylan, Fidel Castro, John F. Kennedy y Malcoln X. Estas eran las cuatro figuras más atractivas entre los estudiantes norteamericanos de izquierda. El diseño de Lois seguramente contribuyó -como antes lo había hecho Sartre con su Huracán sobre el Azúcar- a incrementar las simpatías de la izquierda mundial hacia el líder cubano. Claro que no habría que responsabilisar sólo al diseñador de Esquire -ni tampoco a Sartre- por el mito mediático creado en torno al caudillo cubano. Era una construcción mucho más concertada, a tono con las inquietudes de los jóvenes de los sesenta, que se fue configurando de manera más o menos espontánea -y a la vez estimulada por la intelectualidad y los mass-media. Hacia comienzos de los setenta, la lista de los intelectuales desencantados con la Revolución era ya muy larga, e incluía al propio Sartre. Sin embargo, todavía hoy cuesta trabajo deshacer la imagen mítica del revolucionario cubano. Para la izquierda contemporánea, que es mucho más escéptica que antes, sigue siendo difícil de digerir la posibilidad de una crítica a la Revolución Cubana que provenga de la propia izquierda. Y si esa crítica fuese enunciada por un cubano que, además, reside en los Estados Unidos -o en cualquier otro lugar del planeta que no sea Cuba- entonces sus opiniones quedan casi automáticamente descalificadas como reaccionarias. Un cubano, que se sienta inconforme con lo que sucede en su propio país, que viva en una sociedad capitalista y que, al mismo tiempo, se identifique con los movimientos que luchan por reformas destinadas a lograr una mayor igualdad social, posiblemente no tenga más alternativa que hablar desde la marginalidad.
De un modo u otro, The face of the Hero circuló por la Habana. Recuerdo que mi madre había pegado la imagen en una de las paredes de su habitación. En la sala, encima de un televisor de los años cincuenta, estaba colgada una guitarra sobre la que alguien pintó unas flores lilas, rojas y amarillas. Y en la terraza de nuestro tercer piso, un vistoso letrero en el que podía leerse: La locura.
George Lois en el MoMA(III)
Otro de los célebres diseños de George Lois. Andy Warhol ahogándose en el remolino de una sopa de tomate. El declinar de las vanguardias, o en todo caso el momento en que el mercado asimilaba a las atrevidas novedades artísticas y las transformaba en bienes de consumo. A Warhol le encantó la idea de Lois. Posó entusiasmado para las fotografías con las que éste último confeccionaría su diseño. Warhol no ignoraba que su arte se había convertido en un producto mediático y en una mercancía. Tampoco le disgustaba que así fuese. Buena parte de sus gestos y excentricidades fueron actos de publicidad. Su cínico coqueteo con el mercado fue, entre otras cosas, una intencional prolongación de su creación artística. El desenfado de Warhol hacia la cosificación de su arte fue el de un visionario. Sólo hace falta compararlo con la mayoría de los artistas conceptuales que en su momento creyeron hacer obras que no fuesen comercializables y que terminaron en los lotes para las subastas de Christie’s y Sotheby’s.
George Lois en el MoMA (IV)
Las protestas contra la guerra en Viet-Nam fueron un tema recurrente en las portadas de Esquire. El humor negro y la crueldad fueron las armas predilectas de George Lois. En la imagen de abajo, el teniente Calley, acusado de masacrar a niños vietnamitas, posa risueño entre un grupo de infantes del país asiático.
White Rabbit (I)
El supuesto pasatiempo de traducir al español la canción White Rabbit de Jefferson Airplane , terminó por ser un rompe-cabezas mucho más complejo y divertido de lo que yo hubiese podido esperar en un comienzo. No estoy muy seguro de haber logrado una versión del todo satisfactoria, aunque la encuentro -tal vez sin la debida humildad- mucho más aceptable que otras traducciones que pueden consultarse online. Perseguir al Conejo blanco me hizo “caer” nuevamente en la lectura de Alice in Wonderland. En particular quería ver cómo se había traducido “dormouse” y cuál era exactamente la cita “feed your head” con la que concluye la canción. Me sorprendió que tal expresión no apareciese por ninguna parte en el libro de Lewis Carroll. La canción, en cambio, alude a un breve diálogo que se encuentra casi al final del capítulo XI. Lewis Carroll escribió:
But what did the dormouse said?-one of the jury asked
That I can’t remember, said the Hatter
(Pero, ¿qué dijo el Lirón?- preguntó uno de los jueces.
Eso no puedo recordarlo, contestó el Sombrerero)
Grace Slick, la autora de la canción, hizo un ingenioso desvío con respecto a la novela. No hay que insistir en la intención transgresora de ese delicioso coqueteo con el texto original.
Aquí mi versión al castellano de White Rabbit -se agradece cualquier sugerencia para enmendarla- y a continuación la letra en inglés.
Conejo Blanco
Una pastilla te hace más grande
Y otra te vuelve pequeño
Y las que tu madre te da
No sirven para nada
Ve y pregúntale a Alice
Cuando mida diez pies de alto
Y si andas persiguiendo conejos
Y sabes que vas a caer
Diles que te había llamado
Una oruga que fumaba el narguile
Invoca a Alice
Cuando era pequeñita
Cuando los hombres en el tablero de ajedrez
Se ponen de pie y te indican a dónde ir
Y tu has acabado de ingerir cierto tipo de hongo
Y tu mente empieza a relajarse
Ve y pregúntale a Alice
Yo creo que ella sabrá
Cuando la lógica y la proporción
Han caido en una agonía patética
Y el Caballero Blanco está hablando al revés
Y la Reina Roja grita su “que le corten la cabeza”
Recuerda lo que dijo el Lirón
Echa a volar tu mente
Echa a volar tu mente
White Rabbit
One pill makes you larger
And one pill makes you small
And the ones that mother gives you
Don’t do anything at all
Go ask Alice
When she’s ten feet tall
And if you go chasing rabbits
And you know you’re going to fall
Tell ‘em a hookah smoking caterpillar
Has given you the call
Call Alice
When she was just small
When men on the chessboard
Get up and tell you where to go
And you’ve just had some kind of mushroom
And your mind is moving low
Go ask Alice
I think she’ll know
When logic and proportion
Have fallen sloppy dead
And the White Knight is talking backwards
And the Red Queen’s “off with her head!”
Remember what the dormouse said:
Feed your head
Feed your head





