Quimera

Aire y Primavera (II)

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Esta interpretación iconográfica ha sido puesta en duda y han existido otras descripciones del lienzo, tal vez más forzadas y menos convincentes. Una lectura reciente ha privilegiado el papel de las flores en el conjunto. René Huyghe dedica un breve párrafo al rol de los ritmos en su libro Los poderes de la imagen (1967). Es mi comentario favorito, aunque no he leído aun una explicación –seguramente existe- sobre la presencia de lo aéreo en La Primavera. Me dejo llevar por lo entretenido que me resulta escribir sobre el tema y salto por encima del miedo a decir cosas demasiado evidentes.
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Encuentro curioso que, en contra de lo usual, el cuadro demande una lectura invertida –es decir, de derecha a izquierda. En correspondencia con este modo de leer el lienzo, Céfiro -divinidad del viento astral- sopla rumbo al oeste, siguiendo el mismo sentido en el que se despliega la escena. Tal vez este gesto incial sea un modo de hacer notar que, durante La Primavera, la vida está fundamentalmente regida por el signo del aire.
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En La primavera de Boticelli, el contacto con el suelo está reducido al mínimo como en la danza que ejecutan las Tres Gracias. Y los dioses también bailan. Sus cuerpos, desde la inclinación de la cabeza de Venus, hasta el movimiento en el torso de Mercurio tienen la gracia de los danzantes. Los pliegues de los vestidos, los rizos de los cabellos, los movimientos de los dedos, traducen la imagen del baile hasta tal punto que casi puede percibirse el ritmo que siguen en la danza. La Primavera parece un montaje coreográfico con las líneas zigzagueantes que trazan los movimientos de los brazos desde Céfiro, pasando por la cabeza de Venus, las manos entrelazadas de las Tres Gracias y finalmente el brazo de Mercurio que sostiene el caduceo. Y este movimiento tiene que ver con lo aéreo: Céfiro parece descender a la tierra desde un vuelo, mientras el dios mensajero eleva su mano al cielo para apartar los nubarrones.
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Boticelli creó un contraste entre la luminosidad de las figuras y el apagado verdor de la tierra. Así, Venus parece estar suspendida en el aire. En el paisaje mismo puede percibirse una contradicción entre peso y levedad. Las frutas doradas –anticipación del verano- ofrecen la impresión de que están a punto de caer. Las flores, en cambio, parecen revolotear entre las hierbas.
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Mercurio con sus sandalias aladas. Bachelard observó que para la imaginación aérea, las alas en las espaldas son demasiado pesadas. En el ámbito de la imagen poética, se vuela con un par de alitas en los tobillos.

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Written by ernesto

junio 4, 2008 a 6:28 pm

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