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Archive for the ‘Arcipreste de Hita’ Category

Enseñanza moral y monólogo polifónico en el Libro del Buen Amor.

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De mis fablas e mis fazañas, rruego te que bien las mires.
Arcipreste de Hita, Libro del Buen Amor, 908d

Uno de los problemas que plantea el Libro del Buen Amor es la posible falta de coherencia en la voz del narrador. Al parecer no todo lo que dice Juan Ruíz debe tomarse como una verdad o como un precepto ético, no todo lo que dice es en todo momento cómico, como tampoco habla seriamente en todo momento. En ocasiones Juan Ruíz introduce situaciones que rozan la picaresca, en otras da pruebas de un amor piadoso. A veces la devoción alterna con la lujuria sin que parezca privilegiarse, como habría de esperar el lector, una sobre otra. Este vaivén hace pensar el Libro del Buen Amor como un texto asistemático. Muchos estudiosos, como Dagenais, han llegado a sospechar de la unidad de la obra y, sobre todo, a considerar ambivalentes o problemáticas las intenciones de Juán Ruíz. Así, por ejemplo, Michael Gerli comenta:

….el Libro del Buen Amor se estructura precisamente en torno a la compenetración del amor carnal y el amor divino, pero en este caso las simpatías del Arcipreste parecen ser totalmente indistinguibles (1981:65)

Además, la virtual falta de unidad del texto parece oscurecer la posibilidad de que el libro tenga un carácter didáctico, incluso cuando el Arcipreste incluyó, tal vez con un sentido moralizador, no pocas fábulas y ejemplos. ¿Debiera concluirse que, debido a las contradicciones del texto, el Libro del Buen Amor es una obra carente de unidad, con simpatías indistinguibles y con una enseñanza moral no del todo clara?
Aquí intentaré argumentar que las ambigüedades, las tiradas contra la moral reinante, los elogios mundanos y también las alabanzas a la vida contemplativa, son enunciadas desde voces distintas y se alternan dentro de una obra esencialmente polifónica. Así muchos comentarios estarían dichos desde la voz y la posición del pecador, mientras que otros serían evidentemente escritos desde el punto de vista del moralista y el devoto. Trataré de demostrar que el Libro del Buen Amor está escrito en forma de “monólogo polifónico”, en el que la primera persona del narrador habla desde puntos de vista contradictorios, encarna en personajes diferentes, discurre sobre un mismo tema desde posiciones cambiantes y muchas veces en discordia.

Written by ernesto

julio 9, 2008 at 6:49 pm

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monólogo polifónico

El término “monólogo polifónico” fue introducido por Ronald Macaulay (1991), en su Locating Dialect in Discourse, para designar el uso de citas directas en el discurso, es decir, los momentos en los que el narrador cita textualmente lo que dice uno de los personajes que aparece en su relato. El monólogo polifónico permite que en lugar de un sólo punto de vista, el narrador pueda presentar diversas perspectivas, mientras conserva el control sobre el discurso (203) Si, como trataré de demostrar, el monólogo polifónico posee una importancia considerable en la obra de Juan Ruíz, entonces, es necesario esclarecer mediante qué gestos el autor advierte sobre los cambios de voces. ¿Cómo, mediante qué pistas, el lector podría reconocer la posición desde la que habla el narrador? ¿Qué indicaciones, qué guiños hizo Juan Ruíz a sus contemporáneos para que no incurriesen en el equívoco de tomar una parodia por un discurso elevado o una diatriba sobre la blasfemia por una celebración de la vida licenciosa?
Si es posible sustentar la idea de que el Libro del Buen Amor fue concebido como un monólogo polífónico, entonces cabe pensar que el Arcipreste de Hita introdujo algunos signos, por sutiles o retóricos que fuesen, encaminados a orientar al lector. El libro debió contener, en el modo en que fue escrito, su propio código de lectura, aunque fuese un código que advirtiese tan sólo un lector adiestrado, mientras que otros, menos al tanto de las señales a las que apelaría Juan Ruíz, tendrían que contentarse con el disfrute engañoso y se quedarían sin comprender las sutilezas que, como tantas veces menciona el propio autor, existen en su libro. La apuesta consiste en demostrar que el Libro del Buen posee una clave que permite acceder a lo que debieron ser sus enseñanzas. A continuación me detendré en algunos rasgos que parecen aludir o sugerir la posición desde la que habla el texto.

Written by ernesto

julio 9, 2008 at 6:48 pm

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El contraste.
A menudo, frente al habla del seductor, el Arcipreste de Hita opone bruscamente la voz del devoto, apegado a la Virgen y a Cristo, con la que el autor aspira transmitir parte de sus enseñanzas. Este contraste coloca al lector en una especie de libre albedrío, si bien Juan Ruíz insiste en que lo más apropiado es elegir la virtud:

67 En general a todos fabla la escriptura:
los cuerdos con buen sesso entendrán la cordura;
los mançebos livianos guarden se de la locura
escoja lo mejor el de buena ventura.

El libro se ofrece como una alternativa ética entre el amor (que los cuerpos alegre) y la buenaventura (que las almas preste).
Es curioso cómo los licenciosos episodios de Trotaconventos y las serranas se cierran con una enseñanza moral. En el primer caso Juan Ruíz aconseja a las mujeres que se cuiden del amor loco. En el segundo, se produce un salto a la celebración de la Virgen María –evidente contra-figura de las serranas- y la pasión de Cristo, o sea el cuerpo como redención del pecado en lugar del cuerpo para el placer. El contraste acentuado podría ser una de las maneras de llamar la atención sobre el cambio de voces y un modo de enseñar por medio de ejemplos negativos. Al ejemplo licencioso le corresponde un contra-ejemplo de buenaventura.

Written by ernesto

julio 9, 2008 at 6:47 pm

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La autoridad del que habla.
Las citas a los griegos se contraponen a las citas de las Sagradas Escrituras. El autor habla con una ironía demoledora al evocar a Aristóteles:

72 Si lo dixiese de mío, sería de culpar
dize lo grand filosofo, non so yo de rrebtar
De lo que dice el sabio no debemos dubdar
que por obra se prueba el sabio e su fablar.

Ironía deliciosa. La frase de Aristóteles (el mundo por dos cosas trabaja: la primera/ por aver mantenencia; la otra cosa era/ por aver juntamiento con fenbra plazentera, 71b-d) no se refuta mediante argumentos; sino mediante el cuestionamiento de la autoridad del autor pagano. Las Sagradas Escrituras en cambio no admiten ser puestas en duda. Son una autoridad incuestionable.
No parece casual que, una vez concluida la sátira que pone en ridículo a los paradigmas de la cultura pagana, precisamente antes de presentar a su Arcipreste que “fue enamorado”, Juan Ruíz haga comentarios sobre cómo leer su libro y termine por aconsejar:

76d e saber bien e mal e usar lo mejor.

Written by ernesto

julio 9, 2008 at 6:46 pm

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Los astrólogos.

Cinco astrólogos acuden ante la presencia de un rey moro y vaticinan, con versiones diferentes, la muerte de su hijo. Las discrepancias entre los “estrelleros” provocaron que el rey los guardase en prisión. Años más tarde, las cinco profecías aparentaron quedar confirmadas en la trágica muerte del infante. Por este motivo, el rey decidió poner en libertad a los astrólogos. El rey moro, al ver realizadas las predicciones, piensa erróneamente que no se puede dudar de la astrología. El narrador advierte que el rey se dejó llevar por un espejismo que le impidió vislumbrar el poder divino que se alza muy por encima de las conjeturas de los astrólogos:

150 No son por todo aquesto los estrelleros mintrosos,
Que judgan segund natura, por sus cuentos fermosos;
Ellos e la çiencia son ciertos e non dubdosos
Mas non pueden contra Dios ir, nin son poderosos.

Ahora bien, como mismo la muerte de su hijo llevó al rey a sobrestimar el poder de los astrólogos; del mismo modo, el amor hacia las mujeres lleva al Arcipreste a confiar desmedidamente en los signos astrales. Al igual que el rey que termina creyendo en los poderes de la astrología, el Arcipreste ve su atracción por las mujeres como un designio de las estrellas. Entre el rey y el personaje que narra la historia del rey existe una correspondencia muy directa. Así, al igual que el rey que consagra a los astrólogos, el protagonista inicia el elogio del amor terrenal, para el que el Arcipreste se considera a sí mismo fatalmente predestinado. La historia del rey moro lleva al Arcipreste a justificar su inclinación al amor. El pecado se introduce sutilmente sin que el propio narrador parezca advertirlo. El narrador finge perder el control sobre la coherencia de su texto para mostrar lo incoherente que resulta incorporar la creencia en el “signo de Venus” dentro de la fe en el poder de Dios. De todas maneras el personaje, no del todo corrupto aun, termina por objetarle algo al amor. Pese a las metamorfosis que realiza el amor (que hace sutil al hombre rudo, elocuente al mudo y atrevido al cobarde), cabe hacerle un reproche:

160 Una tacha le fallo al amor poderoso
……………………………………….
161d es esta: que el amor siempre fabla mentiroso.
Toda cosa que dize paresçe mucho buena
…………………………………….
165d e nunca vos creades loores de enemigos.

Written by ernesto

julio 9, 2008 at 6:43 pm

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El triunfo de Don Amor.
La disputa entre el Arcipreste y Don Amor constituye un largo pasaje en el que el protagonista opone a Don Amor –a quien considera el causante de los siete pecados capitales- los argumentos y ejemplos del hombre que sigue los senderos de la virtud. Sin embargo, Don Amor replica con una historia y unos consejos irreprochables desde el punto de vista de la virtud. El tono virtuoso se va disipando. Don Amor no habla con la gravedad ni con la seriedad conque el Arcipreste lo desafía. Una de sus formas de seducir consiste en degradar el acento condenatorio del sermón del Arcipreste y llevar la discusión a un tono divertido y mundano. En lugar de polemizar contra los ejemplos y las impugnaciones, Don Amor responde a las objeciones con el elogio de los placeres terrenales y, sobre todo, con lecciones de cómo tener éxito en el arte de amar (que es como poner el dedo en la llaga del protagonista).

Written by ernesto

julio 9, 2008 at 6:41 pm

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Ojo con el vino!
Al igual que Don Amor que engaña al Arcipreste con enseñanzas morales, del mismo modo, el diablo tienta al ermitaño al hablarle de las supuestas virtudes del vino.
La historia del ermitaño es como observó Gybbon Monypenny éticamente intachable, pero en ella, al igual que en el relato del rey y los astrólogos, existe una correspondencia entre el ermitaño, seducido por el diablo y el Arcipreste seducido por Don Amor.
Como el diablo, Don Amor, en vistas de que tiene que seducir a un hombre virtuoso -capaz de percibir la verdad pecaminosa del amor- apela a consejos de virtud. Su voz es, además de mundana, engañosa. El autor imita los mecanismos de seducción, en los que las máximas morales y las promesas suelen manipularse con fines no tan elevados.
A partir de aquí se entra en un mundo patas arriba. El narrador habla desde el vicio y es necesario reparar en que el pecador, aunque en ocasiones se reconoce atrapado por sus pecados, posee unos valores morales por completo emponzoñados. El vino es una clave de lectura. El narrador, bajo el influjo del amor, habla desde un estado comparable a la embriaguez.

Written by ernesto

julio 9, 2008 at 6:37 pm