Quimera

Archive for the ‘lecturas’ Category

Blog y Libro (I)

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Cada hombre es un artista
Joseph Beuys

Alguna vez pensé que sería interesante hacer una antología de los textos que aparecen en los blogs. A los pocos días desistí de la idea. No porque requiera de un trabajo abundante (lecturas laberínticas, kilométricas, plurales); sino porque haría falta un criterio de selección para el cual el libro, en su formato tradicional, resulta insuficiente. Separar las palabras de las imágenes –sean fotografías digitales o videos- es hacer un picotillo ya que las ilustraciones son también parte de lo que se quiere decir. Un blog es una obra gráfica, donde importan la selección de las imágenes, el tipo, el color y el tamaño de las letras que se usan, el fondo que se escoge. Igualmente tampoco se puede prescindir de los enlaces, inevitablemente azarosos, determinados por afinidades intelectuales, amistades o preferencias políticas. Por último un blog incluye también los comentarios de los visitantes. Continuaciones o complementos de la entrada publicada por el autor no debieran ser separados del texto que los provocó. Un blog es una creación hasta cierto punto colectiva y abierta. Como texto permanece siempre inconcluso y a veces es, debido a su abundancia, ilegible. Basta pensar en un blog como Generación Y, donde un breve párrafo de la autora puede generar miles de comentarios y peleas de toda índole. Llevar un blog a un libro es en el mejor de los casos una traducción, en el sentido de aquella máxima que afirma que traducir es traicionar.

Pienso en un blog como en un nuevo género literario, nacido de nuevos avances tecnológicos, un género que excede con creces ese objeto que durante miles de años fue el soporte del texto: el libro, en sus variantes de páginas encuadernadas, pergamino o pinturas murales.

Un blog es un género literario de nuevo tipo que no encaja en ninguna de las clasificaciones anteriores: no es ni novela, ni poesía, ni ensayo, ni teatro; sino un híbrido intertextual, donde son imprescindibles los enlaces a otras páginas, la colaboración de los usuarios y donde no hay ningún punto final. Un blog, aun cuando se abandone o se cierre, permanece inconcluso y siempre es propenso a ampliarse por algún lector.

Los fragmentos que integran un blog, aunque con frecuencia inconexos, van creando una identidad desde la que casi puede reconocerse a la persona que habla, sin necesidad de escuchar sus confesiones más íntimas (un blog no es casi nunca un diario personal). Creo que hoy se leen blogs como mismo se leen a determinados autores, intereses temáticos o periódicos con los que más o menos uno se identifica.

Written by ernesto

junio 28, 2008 at 9:45 pm

Publicado en lecturas

Blog y Libro (II)

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Cada hombre es un artista
Joseph Beuys

El blog contribuye a democratizar y desjerarquizar la literatura. Los libros que se publican en la actualidad son códigos hiper-protegidos. Una casa editorial lanza a equis o ye autor porque sus editores, muy especializados, han estimado que posee determinadas cualidades como texto o que es vendible por alguna que otra razón. Es decir, los libros que leemos, los que podemos encontrar en los estantes de las librerías ya fueron seleccionados para nosotros. Alguien nos hizo el favor de leerlos, recomendarlos e imponerlos sobre nuestros gustos personales.
El blog es otra cosa. Un modo de expresión muy inmediato donde el usuario goza de la libertad de escoger por sí mismo. Y no sólo eso, disfruta también de la posibilidad de participar mediante sus réplicas y sus vínculos a otros sitios web.
Por ahora el blog parece disfrutar de la ventaja de la gratuidad. El acto de sentarse a redactar o componer una entrada es una vocación, como mismo lo es el de leer y participar. Una inversión de tiempo que no persigue de manera directa propósitos comerciales; sino que obedece sobre todo a pulsiones del deseo (exhibicionismo, necesidad de reconocimiento social, ampliación del círculo de amistades, caprichos personales, narcisismo, o cualquier otra cosa de las que, nosotros, los seres humanos, no conseguimos librarnos).

Written by ernesto

junio 28, 2008 at 9:41 pm

Publicado en lecturas

¿Formado por la Revolución?

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Creo que una persona que hubiese seguido al pie de la letra la enseñanza que recibía en las instituciones cubanas, habría tenido, probablemente, una formación muy aceptable, al menos en lo referente a esas disciplinas que mal que bien se han agrupado bajo el nombre, nada preciso, de ciencias sociales. Esa persona posiblemente habría estado familiarizada con los novelistas rusos y franceses del siglo XIX, leídos en aquellas precarias ediciones Huracán. También habría conocido a algunos autores latinoamericanos (Carpentier, Benedetti, García Márquez, Cortazar). Le habrían inculcado, desde el octavo o el noveno grado, un marxismo esquemático, salido de los manuales soviéticos y que, con todas las críticas que deban hacérsele, encuentro útil, aunque sólo sea porque permitiese familiarizarse con las categorías fundamentales de la dialéctica y el materialismo histórico. Por ultimo, esa persona habría accedido -gracias a programas televisivos como Historia del Cine– a filmes imprescindibles para cualquiera de los interesados en el llamado séptimo arte. Claro que también habría tenido que dispararse las películas soviéticas sobre la Segunda Guerra Mundial y algunas novelas del realismo socialista, incluido nuestro difícilmente rescatable Manuel Cofiño.
Gústeme o no, creo que hasta cierto punto podría reconocerme en este retrato, salvo que no pude terminar La última mujer y el próximo combate. Y en cuanto a Mikhail Sholojov ni siquiera me tomé el trabajo de comprar sus novelas.

Written by ernesto

junio 24, 2008 at 8:19 am

Publicado en Cuba, lecturas

¿Formado (en) por la Revolución?

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Alguna vez, mientras estaba leyendo en la biblioteca de la universidad, se acercó una colega de mi clase de historia del arte. Luego de una de esas conversaciones entrecortadas, donde ninguna de las dos personas tiene el menor interés por continuar dialogando, ella me dijo un “mijo, deja de leer y vive”. Para alguien que disfrute leer resulta casi incomprensible esta pretendida oposición entre la literatura y la vida, como si la operación de sentarse y deslizar la mirada ante las páginas de una novela interrumpiese el tiempo o alinease a las personas de otras experiencias cualitativamente distintas que cabría llamar “vitales”. Veo en esto una vulgarización del Sartre de Las palabras, que proponía una disyuntiva entre el oficio de escribir y la acción revolucionaria. Dentro de ese Sartre mal interpretado, algunos autores, en la medida en que se alejaban de una literatura socialmente comprometida, eran considerados herméticos o evasivos.
Pero resultaba que con frecuencia eran precisamente esos autores tildados de enajenantes los que contribuían a cambiar mi manera de percibir o comprender la realidad, los que contribuían a esclarecer mis propios sentimientos y mis relaciones con las otras personas. Si en efecto se trataba de autores evasivos, lo eran sólo en la medida en que me permitían –como muchas otras obras de arte- hacer más llevaderas las dificultades de la vida cotidiana y al mismo tiempo tornaban más fatigosa la propaganda política del gobierno.
Existía cierta correlación entre la avidez por leer a aquellos autores y el hastío ante la crisis social y política por la que atravesaba el país –y que se agudizó a comienzos de los años noventa. En tal sentido, la Revolución contribuyó, de manera indirecta a fomentar determinado tipo de lecturas
Y, por último, la Revolución contribuyó a ampliar el círculo de lectores, en la medida en que existía un abundante tiempo para el ocio y pocas opciones para salir a divertirse.

Written by ernesto

junio 24, 2008 at 8:11 am

Publicado en Cuba, lecturas

El Nombre de la Rosa. El nombre.

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El título de una novela no es nunca indiferente. Enseguida uno procura establecer una relación entre el nombre que le ha asignado el autor y las cientos o decenas de páginas que constituyen el cuerpo de la narración. Como lamenta Umberto Eco, un titulo es una clave para la interpretación: impone, desde un inicio, cierta unidireccionalidad en la lectura. Encontrar el vínculo entre el título y la obra es una de esas certezas desde las que creemos comprender o disfrutar una novela. En El nombre de la Rosa, Umberto Eco –defensor de la obra abierta y de la polisemia del signo artístico- se propuso que la relación entre el título y el texto no se agotase en una lectura unívoca. El nombre de la rosa debía funcionar como una máquina de producir significados.
Si en sus Apostillas a El nombre de la rosa, Eco estimó necesario referirse al título fue para hacer aún más notable su margen de indeterminación. Eco insistió en la imagen de la rosa y en su capacidad para admitir una gran cantidad de lecturas.
La rosa es una figura simbólica muy rica en significados….el título precisamente desorientaba al lector que era incapaz de una sola interpretación. (2)
Bachelard afirma que, como imagen, la rosa ha perdido gran parte de su poder evocador dentro del herbolario de los poetas. Uno de los aciertos de Eco consistió en devolverle cierto misterio a una imagen que, a fuerza de usarse, ha pasado a formar parte del repertorio kitsch o de un romanticismo trasnochado.

Written by ernesto

junio 12, 2008 at 10:26 pm

Publicado en lecturas, Umberto Eco

El Nombre de la Rosa, Jorge de Burgos, George Bush y muchos otros.

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Entre las muchas connotaciones que tiene un título como El nombre de la rosa, una de las que más salta a la vista es el sentido de la pureza. Sabemos que la cadena de crímenes que ocurren en la abadía tienen como móvil el esfuerzo de Jorge de Burgos por ocultar un manuscrito de Aristóteles sobre la risa. Para el responsable de la biblioteca la risa es esencialmente subversiva, mundana y nociva. Jorge de Burgos quiere unos valores incontaminados con esa amenaza que es la burla.

Jorge no ignora que el sueño de una humanidad fundada en el amor, la piedad y el sacrificio por el prójimo es, entre otras cosas, una herramienta del poder político. De ahí su interpretación de la risa como un mecanismo de resistencia frente a ese poder y como un arma contra la rigidez del orden establecido.

Sin embargo, su defensa de la pureza es un modo de profanarla. La lucha por salvaguardar ideales elevados conduce al crimen y virtualmente a la destrucción de la biblioteca de la abadía. Como escribe el narrador, por un exceso de virtud prevalecen las fuerzas del infierno (1983, 584)

Los crímenes de Jorge de Burgos pueden ser leídos de acuerdo con las profecías de San Juan, a las que remedan casi como si fuesen una puesta en escena. Jorge de Burgos aspira a desaparecer en los signos que dejan sus crímenes. No sólo, o no tanto, para evadir el castigo de la justicia como para imponer un terror absoluto,inflexible y, sobre todo, anónimo. En su lucha contra la risa, el encargado de la biblioteca instaura el Apocalipsis en la vida cotidiana de la abadía. Un terror que reside no ya en la irrupción de lo demoníaco sino en el propio enfrentamiento contra la subversión. La lucha contra el terror es la instauración del terror.

Si por un lado Jorge trata de conservar un sistema de valores, por otro asocia el terror apocalíptico a la imagen de la oposición. De este modo toda posible pluralidad queda reducida a alternativas radicales entre el bien y el mal. Para Jorge no hay mediastintas. Todo tiende a plantearse como disyuntivas entre el bien y el terror, entre el orden establecido y la pesadilla apocalíptica. Su solemnidad obstruye la posibilidad de diálogo. Su pureza sólo puede definirse sobre el trasfondo del terror.

Written by ernesto

junio 12, 2008 at 10:24 pm

Publicado en lecturas, Umberto Eco

El nombre de la Rosa. Bernardo Gui, George Bush y la Guerra en Iraq.

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El inquisidor Bernardo Gui es la figura que complementa a Jorge de Burgos. Dos caras de una misma moneda. Si éste último juega a ocultar su identidad en signos que parecen confirmar las visiones del Apocalipsis, Gui es el maestro de ceremonia del terror convertido en espectáculo. Un poder desmedido que exhibe sus propias fuerzas frente a víctimas más o menos despreciables.
En la traducción al inglés de la novela, en la que Guillermo de Brasketville pasa a ser William, se escapa la relación entre el apellido del inquisidor y el nombre del investigador (Gui y Guillermo). La coincidencia no es arbitraria. Revela que uno y otro tienen algo en común: el afán por encontrar la verdad y establecer la justicia, incluso hasta trabajaron juntos en alguna ocasión. En cierto momento, Guillermo le cuenta a Ubertino las causas que lo llevaron a distanciarse del inquisidor. Bernardo Gui no estaba tan preocupado en conocer la verdad y sancionar a los culpables, como en dar un escarmiento e imponer un castigo que atemorice. Por el contrario, Guillermo sostuvo que era posible acceder a la verdad con métodos como escuchar, dialogar e indagar, que son radicalmente opuestos a la tortura. El rival de Bernardo Gui no es Salvatore o la muchacha que el inquisidor hace pasar por una encarnación del demonio, sino Guillermo, a quien indirectamente se persigue intimidar mediante el despliegue de fuerzas.

Written by ernesto

junio 12, 2008 at 10:21 pm

Publicado en lecturas, Umberto Eco