Quimera

Archive for the ‘nostalgias: resurrecciones’ Category

Fito Paez – Al Lado del Camino

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Es obligatorio tener un motivo especial para colgar una buena canción en un blog?..Es acaso imprescindible complementarla con una resplandeciente disertación, que de algún modo justifique la entrada? Me pregunto si podría algo de lo anterior disfrazar de “inteligente” el verdadero propósito, íntimo y simple, de compartir el gozo de escucharla con otros? Yo espero que no.

Written by Bauta

agosto 5, 2008 at 2:44 pm

No estuve allí (microrrelato)

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Los aviones sobrevolaron la cúspide del rascacielos más alto de Manhattan. Ráfagas, ruidos de motores, sonidos indescifrables. Uno de los aviones, envuelto en llamas, cayó en picada. Un golpe seco estremeció las avenidas. A duras penas el cordón de policías logró contener a la muchedumbre. Los periodistas y los centenares de curiosos no podían salir de su perplejidad. Delante de ellos yacía un gorila gigantesco, con el pecho y el cuello ensangrentados.

Written by ernesto

junio 7, 2008 at 3:27 am

Homenaje al Himno Nacional Cubano

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Non piu andrai, el aria de Figaro al final del primer acto de la ópera bufa Le Nozze di Figaro de Mozart. El Conde de Almaviva quiere enviar a Cherubino a la guerra. Figaro entona este burlón himno militar para su joven amigo.
Canta el barítono Giuseppe Taddei. Cherubino es interpretado por la mezzo-soprano Giulietta Simionato

La letra, tomada de Wikipedia.

No irás más, mariposón amoroso
día y noche rondando alrededor
de las bellas, turbándoles el reposo,
Narcisito, pequeño Adonis del amor.
No tendrás ya estos bellos penachos,
ese sombrero ligero y galante,
esa cabellera, ese aire brillante,
ese sonrosado color femenino.
Entre guerreros ¡voto a Baco!
Grandes mostachos, ajustada casaca,
el fusil a la espalda, el sable al flanco,
cuello erguido, gesto franco,
un gran casco, un gran turbante,
mucho honor, poco dinero,
Y en vez del fandango
una marcha por el fango,
por montañas, por valles,
con las nieves y los grandes calores
al concierto de trombones,
de bombardas, de cañones,
que las balas en todos los tonos
al oído hacen silbar.
Cherubino a la victoria,
a la gloria militar.

Written by ernesto

junio 3, 2008 at 5:30 am

Mayo del 68. Guy Debord y los Situacionistas.

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En una sociedad industrial, que confunde el trabajo con la productividad, la necesidad de producir ha sido siempre hostil hacia el deseo de crear.
Raoul Vaneigem (1967)

Termina el mes de mayo. Reviso las entradas que he puesto en mi blog. Muchas de ellas están relacionadas con los movimientos juveniles de los años sesenta. Fue mi modo, no del todo intencional, de recordar las revueltas que encontraron un punto culminante en el año 68, con los trágicos eventos en Praga y México y los amotinamientos estudiantiles en París. La segunda mitad de los sesenta es un tema casi infinito, que daría para montones de comentarios y blogs. Aquí quería agregar la primera parte de un documental sobre Los Situacionistas, un grupo muy influyente en las protestas francesas de Mayo del 68. Dos libros tuvieron una importancia crucial. La sociedad del espectáculo (1968), de Guy Debord y La revolución de todos los días (1967) de Raoul Veneigem. Los Situacionistas hicieron una crítica de la cosificación de la vida cotidiana bajo el capitalismo y se propusieron cambiar la vida mediante una acción artística vinculada a lo político. Entre sus prácticas se encontraba aprovechar el potencial sígnico de los objetos de consumo para transformarlos en artefactos poéticos, dotados de un contenido contestatario. Algo que llamaron detournement (andaban tras las huellas del ready-made y del object trouve de los surrealistas).
Los Situacionistas intentaron integrar el arte y vida. Como escribió Guy Debord en 1957:

Nuestra acción sobre el comportamiento, en relación con los demás aspectos deseables de una revolución en las costumbres, puede definirse someramente por la invención de juegos de una esencia nueva. El objetivo general tiene que ser la ampliación de la parte no mediocre de la vida, de disminuir, en tanto sea posible, los momentos nulos.

Ideas tal vez no del todo novedosas –experimentos que pretendían socializar el arte fueron ensayados mucho antes por futuristas, dadaístas, surrealistas y abstraccionistas-; pero la diferencia quizás resida en que en el contexto de los sesenta dejaron de ser extravagancias. Las ideas de Debord y Vaneigem, en lo que tenían de incendiarias, se tomaron muy en serio y se propagaron como la pólvora. El célebre lema “la imaginación al poder”, escrito en alguna pared parisina en Mayo del 68, se deriva muy directamente de las actividades de Los Situacionistas.
El documental tiene tres partes.

El hombre de las mil voces

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Sabíamos que las jovencitas que cortejaba Charlot pronunciaban un inevitable y engolado “Ay, Charles”, como si estuviesen medio derretidas. Y el timorato, enamoradizo, Charlot balbuceaba un poco, con su sonrisa abierta de par en par. Luego llegarían Cara de Globo y Soplete, con sus voces tan afables. Seguramente, como cada domingo por las mañanas, tendrían algún percance en El challote relleno. Y los bandidos, los policías y los grandulones tenían una voz gruesa y rasgada, al igual que los malvados con sus bigotes temibles y sus barbas muy largas. Para las persecuciones y las trifulcas sonaban unas gangarrias. La música de los cafetines también tenía una voz, como mismo la tenían los disparos, los puñetazos, el motor de los fotingos y el galopar de los caballos. Y Armando Calderón estaba inmerso hasta la locura en sus comedias silentes.

Y quién iba a decir que aquel improvisador fascinante pasaría a la posteridad gracias a una frase apócrifa. Su inesperado esto es pinga, queridos amiguitos. Fue su mejor broma, su día más afortunado. Y dicen que nunca ocurrió. Nunca se le escapó tal cosa a este hombre de las mil voces. ¿Quién podría creerle? Cuán maravilloso el humor popular cubano.

Los años no pasaron en balde. Qué diferente les suena hoy Armando Calderón a sus otrora “queridos amiguitos”.

http://video.google.com/videosearch?hl=es&rls=GGLG,GGLG:2006-22,GGLG:en&q=comedia%20silente%20&lr=&um=1&ie=UTF-8&sa=N&tab=wv#

Written by ernesto

mayo 30, 2008 at 5:14 pm

George Lois en el MoMA(I)

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El MoMA exhibe las portadas que diseñó George Lois para la revista Esquire. Una de ellas está dedicada a la hija menor de Stalin. Lois estaba molesto con la edición del libro Veinte Cartas a un Amigo, en el que Svetlana hablaba horrores de su padre. La revista Esquire publicaría un artículo desfavorable–firmado por Garry Wills- en el que la disidente soviética era descrita como una oportunista. La venganza de Lois consistió en superponer un dibujo del bigote de Josef Stalin sobre el retrato de la hija desleal.
Sorprende que el diseñador que hizo las cubiertas más provocativas de los años sesenta fuese un joven que, cuando menos, simpatizaba con el stalinismo. Y esto después del deshielo que había iniciado Kruchev. Esquire aprovechó su talento y también, a no dudarlo, su izquierdismo radical, aparentemente atrevido y en la práctica muy vendible. Las portadas de Esquire, que le dieron la vuelta al mundo y se convirtieron en imágenes paradigmáticas de los sesenta, confirman una de las ideas de Adorno y Horkheimer: en la época de industria cultural, hasta la actividad política de la oposición entra en complicidad con el status quo.

George Lois en el MoMA (II)

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Una de las portadas tiene que ver directamente con la Revolución Cubana. The Face of a Hero, rostro realizado a partir de un montaje de las caras de Bob Dylan, Fidel Castro, John F. Kennedy y Malcoln X. Estas eran las cuatro figuras más atractivas entre los estudiantes norteamericanos de izquierda. El diseño de Lois seguramente contribuyó -como antes lo había hecho Sartre con su Huracán sobre el Azúcar– a incrementar las simpatías de la izquierda mundial hacia el líder cubano. Claro que no habría que responsabilisar sólo al diseñador de Esquire -ni tampoco a Sartre- por el mito mediático creado en torno al caudillo cubano. Era una construcción mucho más concertada, a tono con las inquietudes de los jóvenes de los sesenta, que se fue configurando de manera más o menos espontánea -y a la vez estimulada por la intelectualidad y los mass-media. Hacia comienzos de los setenta, la lista de los intelectuales desencantados con la Revolución era ya muy larga, e incluía al propio Sartre. Sin embargo, todavía hoy cuesta trabajo deshacer la imagen mítica del revolucionario cubano. Para la izquierda contemporánea, que es mucho más escéptica que antes, sigue siendo difícil de digerir la posibilidad de una crítica a la Revolución Cubana que provenga de la propia izquierda. Y si esa crítica fuese enunciada por un cubano que, además, reside en los Estados Unidos -o en cualquier otro lugar del planeta que no sea Cuba- entonces sus opiniones quedan casi automáticamente descalificadas como reaccionarias. Un cubano, que se sienta inconforme con lo que sucede en su propio país, que viva en una sociedad capitalista y que, al mismo tiempo, se identifique con los movimientos que luchan por reformas destinadas a lograr una mayor igualdad social, posiblemente no tenga más alternativa que hablar desde la marginalidad.

De un modo u otro, The face of the Hero circuló por la Habana. Recuerdo que mi madre había pegado la imagen en una de las paredes de su habitación. En la sala, encima de un televisor de los años cincuenta, estaba colgada una guitarra sobre la que alguien pintó unas flores lilas, rojas y amarillas. Y en la terraza de nuestro tercer piso, un vistoso letrero en el que podía leerse: La locura.